domingo, 17 de junio de 2012

En tu ausencia respiro




Son diez años sin ti. Diez años en los que mi vida ha dado tantas vueltas que ahora mismo no sé dónde estoy ni hacia dónde voy.
Pero siempre he sabido que si hubieras estado a mi lado todo hubiera sido más sencillo.
Sentiría menos peso sobre mis hombros. Estaría siempre más tranquila, menos impaciente y menos de mal humor.
Sería más feliz de lo que soy, de lo que he sido, de lo que seré.

Y sin embargo me niego a vivir con un condicional. Odio el "y si..."

La realidad es otra, y es la mía. Y en ella tú no estás para llamarme cada mañana y preguntarme qué tal cuando acabas de estar conmigo. No estás para prepararme ese zumo de naranja de cada mañana, ni para llevarme al centro en coche -aprovechando que tú vas al trabajo-, ni para discutir mientras vemos fútbol y tú te quedas dormido. No estás para darme un beso de buenas noches. Ni para decirle a mamá cada día, cada momento, lo guapa que está. Y no estás para decirle a mi hermano tantas cosas como compartíais, tantas palabras que él echa de menos.
No estás para llenar la silla que se quedó vacía aquel 17 de junio. No estás para verme avanzar, retroceder, caerme y levantarme. Ni estás para bromear con los amigos que traía a casa. No estás para poner esa sonrisa tan enigmática, ni para llenar del olor de tu colonia toda la casa ("papá, échate si eso todo el bote", te diría cada día). No estás para conducir y decir a cada paisaje bonito que qué cosas más increíbles tiene este mundo. Ni para emocionarte como un niño viendo una película. Ni para fumar un cigarro a escondidas. Ni para asomarte a la ventana cada vez que llueve, para oler la tierra mojada. Ni para mirar las tormentas por la ventana, como si vieras el mayor espectáculo del mundo.
No estás para cada pequeño detalle que recuerdo a diario.

No estás porque no puedo oírte, abrazarte, decirte que te quiero. Y eso hace que la vida sea un lugar menos bonito. Más absurdo. Bastante más feo.

No estás y, aunque hayan pasado ya diez años, sigue doliendo, duele mucho. Y no me acostumbro a que no estés. Y aunque solo te escriba un par de veces al año te recuerdo muy a menudo. Y te aseguro papá que este año te he echado en falta más que ningún otro. Porque no habrías dejado que me hundiera como lo he hecho. Me habrías recogido, y habrías hecho que mamá sufriera menos. Y es que sigo teniendo demasiado peso en mis hombros, demasiado para lo que soy capaz de soportar.

Pero no te preocupes. Vuelvo a sacar la cabeza. Vuelvo a luchar porque nadie en esta vida me puede quitar mi sonrisa, ni hacer que olvide que tú conseguiste todo peleando cada día de tu vida. Y aunque ahora no te dé muchos motivos para estar orgulloso de mí, sé que conseguiré que lo vuelvas a estar. Te lo prometo. Porque aunque las promesas están para romperlas, algunas -como está- son las que hacen que me mueva por una ilusión.

Ya te lo dije una vez papá, te lo repito: en tu ausencia respiro.

1 comentario: