Y cada año, un día como hoy, vuelvo la vista atrás y me sitúo en Aranjuez. Y recuerdo mi llegada a Atocha Renfe, viendo en el andén de enfrente a un tipo estrafalario que acabó siendo alguien importante en mi camino.
Pasan los años, hablo del año 95, y quedan a mi lado pocas personas de las que aquel día cogimos un tren.
Pero supongo que no me importa, porque los caminos se separaron sin ningún ruido, sólo porque así debía ser. Y porque la recompensa fue quedarme con "la muy mejor", que sigue siéndolo después de todo.
Y hubo distancia, y la hay en kilómetros ahora, y la habrá supongo que siempre, pero es genial saber que si un día necesito escuchar su voz y encontrarme una sonrisa allí la tendré, dispuesta a escuchar mis historias, a reírse como ella hace, a escucharme, a echarme la bronca si cree que me equivoco.
Hay amigos y amigos. Cada uno cumple su función. Y ella es Mi Amiga. La que en los peores momentos nunca me dejó, y en los buenos me soltó la mano para que me sintiera más libre, vigilando siempre que no me cayera por el precipicio.
Fue hace 17 años ya. Y en algunos aspectos siempre será una especie de cumpleaños.
Y me encanta celebrarlo. Cada nueve de noviembre...
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